Inicio Venezuela Dueños de camionetas imponen “su ley”

Dueños de camionetas imponen “su ley”

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Abordar el tema del transporte en Caracas, más aún en la Gran Caracas, resulta harto complejo, por la diversidad de imprecisiones en cuanto a unidades operativas, unidades necesarias (oferta y demanda), usuarios, rutas, líneas, además del alto costo de repuestos y la inseguridad, como elementos nada ajenos al tema.

Ciudad Ccs hizo un recorrido de observación y consulta tanto con usuarios como con transportistas, para corroborar la complejidad de la problemática para tratar de informar y orientar al usuario; además de esbozar algunas soluciones posibles.

El desmedido y anárquico crecimiento de tan vasto territorio, sin planificación urbana, sin proyección ni garantía de servicios básicos, ha sido y es, sin dudas, una de las causas por las que no hay cifras exactas en cuanto al número de unidades y de rutas, con las que medianamente se pudiera hablar de prestación de servicio de transporte eficaz, efectivo y de calidad.

El caraqueño común, en su día a día, para ir a su trabajo o lugares de estudio requiere de transporte ida y vuelta, cada día en mayor proporción: la ruta troncal, es sucedida por la ruta intraurbana y a su vez auxiliada por el Metro, el Metrobús o el Bus Caracas, donde se vuelve ruta urbana nuevamente hasta el lugar de destino; recorrido este que supone el lógico retorno.

Por ser una necesidad, no de ahora sino desde siempre, los transportistas “hacen su agosto”, imponen sus reglas y el usuario, afectado por el complejo entramado, no tiene más remedio que seguir siendo víctima.

Medidas paliativas

La alcaldesa de Caracas, Erika Farías, atendiendo propuestas de las mesas técnicas de la comunidad organizada de El Junquito, acaba de entregar 12 unidades con capacidad para 60 personas, lo que proyecta la solución a unos 7 mil habitantes de esa zona.

Ahora falta la conciencia del usuario y el mantenimiento técnico para garantizar efectividad. Y afirma Farías que estas soluciones se irán dando a otros sectores según demanden las comunidades organizadas.

Además, el Ministerio de Transporte hace tiempo puso a disposición, a nivel nacional, unidades del Sistema Integral de Transporte Superficial, Sittsa, que han aumentado el parque automotor para tales fines; no obstante, la demanda supera la oferta con creces.

Anarquía y nuevas especies

Son múltiples las apariciones públicas de representantes del gremio del mal llamado transporte público (porque a pesar de los subsidios y el empuje del Estado, es privadísimo), en reuniones donde anuncian grandes convenios con autoridades del Gobierno (de distintos niveles), y con representantes de las comunidades organizadas en comités de usuarios, pero al poco tiempo se repite el círculo vicioso: aumento de tarifas arbitraria e ilegalmente, falta de control, irrespeto al pasaje para usuarios de la tercera edad y estudiantes, y amenazantes anuncian su famosa Hora 0.

Basta un recorrido durante las horas pico, por las principales vías para observar multitudes desasistidas a la espera de que el transportista mute en alma caritativa y decida cargar pasajeros a “tarifas acordadas”, pero lejos de ello, cobran lo que quieren y subdividen rutas como Centro-Caricuao en tres: Caricuao-La India; La India-Quinta Crespo y de allí al Ministerio de Educación. Por supuesto con triple cobro de tarifa.

Bajar y subir al cerro, donde vive gran parte del habitante caraqueño, en su cotidianidad y ante la complicidad de los dueños de los vehículos rústicos diseñados para esas rutas troncales, ahora implica el uso de “las perreras”, una suerte de transporte improvisado, muy masivo y sin garantía de seguridad alguna.

Otra especie, que además golpea al aparato económico porque retiene mano de obra en edad productiva, es el mototaxi. No existe un sitio de la ciudad (ni del país) donde no haya mototaxis, con tarifas acordadas por ellos mismos, golpeando el bolsillo del pasajero.

Ni hablar de las tradicionales paradas de transporte extraurbano, que va a ciudades satélites, donde habita más del 50% de la fuerza trabajadora de Caracas. Allí ha proliferado (ante la mirada cómplice, y a veces hasta vigilante, de funcionarios uniformados de diversas fuerzas públicas del Estado), el número de unidades piratas, que en muchas oportunidades pertenecen a líneas de otros sitios o a organismos e instituciones públicas, y se dedican a ejercer su función de manera ilegal porque así ganan más, sin controles de tarifas, de calidad del servicio ni de seguridad ciudadana.

Voces múltiples, tras un mismo objetivo, apuntan a mayor conciencia de los transportistas que también son pueblo, mecanismos de control por parte de las autoridades, sanciones acordes con las violaciones cometidas y más organización por parte de los usuarios.

Rompen y botan los billetes de 2

Los encargados del transporte de uso público en la Gran Caracas, no sólo se burlan de las autoridades al imponer arbitrariamente tarifas insostenibles, sino que además desconocen el valor del nuevo cono monetario oficializado por el Banco Central de Venezuela.

Los colectores, o a veces, los propios conductores, antes de que los pasajeros aborden las unidades advierten en tono impositivo que no aceptan billetes de baja denominación. Los de dos soberanos son destruidos ante la mirada atónita de ciudadanos y autoridades, y no pasa nada. Ese billete es parte del circulante del Estado venezolano. El portador es dueño solo del valor relativo de ese cono. Por eso los transportistas además de aceptar los billetes deben preservarlos para garantizar su circulación. ¿Quién atiende este caso?.

Ciudad CCS/La Radio del Sur